Friday, September 3, 2010

8 Febrero, 2010 por Alex Perez  
Invictus
Invictus
SINOPSIS:

Película basada en el libro de John Carlin "The Human Factor: Nelson Mandela and the Game That Changed the World" y ambientada después de que Nelson Mandela saliera de la cárcel y se convirtiera en presidente de Sudáfrica. Poco después, en 1995, el país celebró el campeonato del mundo de rugby, tras años de ser excluidos de las competiciones debido al apartheid. Evento que Mandela (Morgan Freeman) impulsó y utilizó, con la ayuda de la estrella de rugby Francois Pienaar (Matt Damon), como vía para acabar con el odio y la desconfianza existente durante décadas entre la población blanca y negra del país.  [extradido de FILMAFINITY.COM]

Dirige: Clint Eastwood | Genero: Drama

CRÍTICA:

Dejémoslo en un digno empate

Descubrir que, a día a de hoy, se puede considerar con todo derecho a Clint Eastwood como uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos no supone ninguna novedad. pero, precisamente por este status, resulta ciertamente complicado la evaluación de una película como Invictus, más si se tiene en cuenta el poco entusiasmo que le suscita el Rugby al que suscribe estas palabras. Necesario se antoja un proceso de abstracción personal y una cierta toma de distancia para tratar de objetivar cual es la auténtica categoría de esta producción más allá de la reverencia al autor, el posible desinterés por la trama y el encontronazo sentimental que ello supone.

A partir de estos elementos discordantes la apreciación final sobre esta última producción eastwoodiana acaba por ser una delicada síntesis entre el placer que produce asistir a una muestra más del clasicismo elegante e impecable del director frente a las excesivas salpicaduras de adulación y sensiblería más propias de un Ron Howard de la vida que del hombre que nos trajo obras maestras como Million dollar baby (2004) por citar sólo alguna.

Es en la dirección de actores y en la vibrante filmación de los partidos donde Invictus brilla con luz propia. Aunque el elenco es variado y compuesto por muchos interpretes casi desconocidos no cabe duda que el eje fundamental del film gira en torno a Morgan Freeman y a Matt Damon. Poco cabe decir del primero, excepto que una vez más realza y dignifica la profesión de actor, no sólo porque es capaz de calcar a Mandela sino porque en sus movimientos, su gestualidad y su voz trasciende al propio personaje y al propio concepto interpretativo hasta el punto de insuflar de vida a una creación. No es Freeman interpretando a Mandela es el propio presidente de Suráfrica el que se dirige al espectador. Pero donde Eastwood demuestra mejor su capacidad es a la hora de conseguir que un actor como Damon, más próximo a la unidimensionalidad del cine de acción que a la complejidad del drama, ofrezca un recital de verosimilitud y de matices, algo que, a priori, parecía impensable.

Respecto a las escenas deportivas, lejos del habitual montaje frenético en planos acelerados, se nos ofrece lo que podría ser casi un ballet. No cabe duda que parece difícil mover una cámara con tanta suavidad, en largos travellings de acompañamiento en un deporte de tanta rudeza. Y sin embargo los jugadores parecen bailarines, los golpes meros pasos de una coreografía salpicada de planos detalle donde se aprecia y se vive el dolor y el sufrimiento, pero también la humanidad de los deportistas.

Todo ello enmarcado en un desarrollo suave, con un sentido del ritmo y del tiempo tan sutil que la trama más que avanzar parece que se deslice, consiguiendo que su larga duración resulte, más que un lastre, una demostración perfecta de ajuste a las necesidades de desarrollo dramático. No obstante hay una constante sensación de que a Eastwood se le ha ido la mano en algo que precisamente domina (y predomina) en todos sus films: la contención sentimental, elemento que durante muchos, por no decir demasiados, momentos desaparece para ofrecer, sin llegar al extremo de la pornografía del sentimiento, algunos planos ciertamente sorprendentes por su falta de delicadeza y sensiblería facilona. Claro ejemplo de ello lo tenemos en todo lo relativo a la celebración de la victoria.

Aunque cierto es, que aquel triunfo sirvió para unificar, y si se quiere normalizar el difícil equilibrio de la convivencia racial, algunos tópicos (el niño negro y pobre abrazado por los policías blancos) resultan tan obvios como poco elegantes, y más, con la edulcorada banda sonora, digna de haber sido interpretada por ese inefable defensor de causas perdidas que es Bono. Quizás esto, junto a la excesiva adulación de Mandela (cuyas sombras biográficas son elipsadas sin contemplaciones) pueda parecer pecata minuta al lado de las muchas virtudes que atesora el film, pero bastan para hacer bajar un peldaño la percepción que de ella se tiene.

Calificar de obra menor a Invictus puede parecer incluso injusto, sin embargo esta calificación no tiene la intención de desmerecer la labor realizada. Hay más cine en esta película que en el 90% de producciones que nos llegan hoy día, pero no por ello llega al nivel que el director californiano nos tenía acostumbrados. No hay que rasgarse las vestiduras, sencillamente sentarse y disfrutar no tiene que ser incompatible con la asunción de que hasta los genios no son infalibles.

Título Original: Invictus
Año
: 2009
Duración: 134 minutos
Intérpretes: Morgan Freeman,  Matt Damon,  Tony Kgoroge,  Julian Lewis Jones,  Adjoa Andoh,  Patrick Mofokeng,  Matt Stern,  Leleti Khumalo

Comments

One Response to “Invictus”
  1. Excelente crítica para una normalita peli.

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